Mujer Caribe

El repique de un tambor anuncia el amanecer que se levanta acariciando la espalda. En la ventana un pájaro de colores imposibles grita para quien lo escuche. Enseguida, un aroma a café recién hecho y de nuevo aquella mujer.
Yo la conocí una mañana de octubre con el sol que le caía a cascadas sobre el pómulo derecho. El cabello hasta la cadera olía a coco y a sal, y la sonrisa perlada resaltaba sobre la carne color canela. Desde ese día la recuerdo y para quien todavía me lo pregunta le respondo que desde la conocí solo he tenido un deseo: ser como ella.
En la curvatura de sus caderas se escondían tímidas unas olas azules salpicadas de espuma. Por boca tenía un mango maduro, y por piernas las hojas grandes y verdes del plátano. De la cavidad de su ombligo surgían como lluvia unas flores violetas que dejaba regadas al caminar.
¡Ay, como quiero ser ella! Le conté un día al mar mientras hacíamos el amor. Yo quiero ser como ella, para que mis piernas abran brechas en todo suelo que pisen, para que mis manos huelan a maíz y para que mis besos tengan gusto de cacao.
Así, le dije, -y creo recordar al mar riéndose sobre mi pecho- así, igualita. Para que alrededor de mi cintura tenga trozos de cadenas rotas. Yo quiero ser así, irreverente, para que todo el que quiera tumbarme acabe echado al lado de las cayenas que tendré por orejas.
Yo quiero llevar a la jungla en todo el medio del pecho, a una palmera en el vientre, a un vendaval escondido entre las piernas y a un trueno en la mirada. Yo quiero estar hecha de música, que mis palabras bailen al son de una trompeta; quiero quedarle corta a la falda y chiquita al romper de las olas. Quiero quedarle grande al mundo y que mis muslos calientes no conozcan nunca el frio.
¡Quiero ser como ella, carajo! Como aquella mujer del Caribe. Que llevaba a todos sus hijos escondidos entre los omoplatos, en cuyos tobillos todavía se vislumbran las heridas de los grilletes que durante tanto tiempo ataron su esqueleto a la tierra morada de los antepasados.
Yo quiero hacer de una mujer el Caribe, y del Caribe una mujer.
Para que me susurre "lucha" cuando quiera rendirme, para que me manche de sangre cuando se me olviden las batallas, para que al enfrentar las penurias me lleve con su corriente, para que cuando me sienta sola me tueste la piel con la luz del sol hasta que mi sudor sepa a azúcar morena.
Quiero ser ella para recordarle al mundo que estoy hecha de cuero, que en vez de andar, cabalgo sobre la cresta de un caballo, que no se me ha olvidado el pasado y que todavía guardo entre los sesos un arco y una flecha.
Del Caribe, para que al verme no se les olvide a lo que vine. Para que nunca mas entierren a los míos entre escombros de tierra perdida. Para que nunca mas me escupan en la cara palabras de descubrimiento. Y así toda vez que quieran vencerme recuerde yo aquella mañana de octubre donde la conocí, a ella, a una mujer Caribe.



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