Independencia y otras falacias

El acta está rociada de sangre. Sus letras se marchitaron, sus dogmas allí estipulados quedaron como fantasmas que ahora transitan el parlamento con su llanto lastimero, intentando hablarles a los que aún quieran oírlos.
El parlamento está vestido de escarlata. Sus paredes gimen, le pesan los años -206 años-  le pesan los tiranos, en sus vísceras gritan los espectros del cuello blanco exigiendo regresar. Afuera, pululan ahora los de la vestimenta carmín,y a su paso destruyen el camino que alguna vez se llamó "Independencia".
Se me hace un pecado no escribirle a la República cuando se encuentra agonizante. Se me hace un delito no versar a la patria cuando está convaleciente; cuando clama suero de justicia e inyecciones de piedad.
Se me hace una nación de juguete. A la que encuentro sólo entre libros y escritos que me prometen que hubo un ayer, que me ruegan que haya un mañana.
Se me hace un país de adorno. Porque su entereza y justicia, su pilar de democracia, sus leyes y su forma de hacerme retroceder en el tiempo se encuentran  muy adentro del pavimento,o muy afuera en los cuadros que permanecen inertes en las paredes, sólo en las memorias de los que se atreven a recordar.
Y entonces me pregunto cuál atentado será el último, asumo que fue el destino confabulando para darme de qué escribir. Pienso que se trata de una comedia dantesca que se burla de mis letras lloronas y que parece mucho más fantasía que historia.
Le escribo nuevamente a esta patria esquelética, al mismo tiempo me tiembla el pulso mientras escucho las detonaciones muy adentro de sus entrañas.
Resulta que entendí que ni engalanada se salva del desespero. Me pregunté cuando será que vendrá la independencia de los tiranos. cuando acabará la ignominia de la poltrona del palacio de Miraflores, cuando dejará de ser un cachivache esto que tan campantes llamamos "República", cuando dejará de ser falacia la independencia que este 5 de julio estupraron hasta el hastío.

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