Siria: La paz de papel

Las costas europeas se han convertido en una fosa común. El mar es un no lugar desde que está colmado de hombres, mujeres y niños que se ahogaron en la desidia occidental. A partir de la guerra que ocurre en Siria, millones de personas se han visto en la necesidad de emigrar para preservar su derecho a la vida. El destino de estas personas que huyen en condiciones sumamente precarias es Europa, debido a la cercanía y estabilidad social, política y económica del continente. Sin embargo, muchos países europeos se han mostrado reticentes a acoger refugiados, lo cual ha causado innumerables muertes y ha desatado una de las peores crisis humanitarias a lo largo de la historia. La actitud que ha tomado el continente europeo ha sido impactante, puesto que se ha caracterizado por ser inhumana y contradictoria a sus principios.
Los refugiados de Siria deben ser aceptados en Europa, entre otras razones porque así lo dicta la Convención sobre el estatuto de los refugiados, celebrada el 28 de julio de 1951 en Ginebra,en la cual se estableció el asilo de refugiados como una obligación de los países firmantes, además del trato de calidad que debe ser brindado en el país de acogida. En el artículo tres de dicha convención, se establece que "Los Estados Contratantes aplicarán las disposiciones de esta convención a los refugiados, sin discriminación por motivos de raza, religión o país de origen". Es fácil preguntarse qué lugar de la efímera memoria europea ocupará este tratado, al ver las costas de Turquía plagadas de cadáveres o al observar los muros que levanta Hungría para protegerse de la desdicha ajena. Pareciera como si este tratado perdió su vigencia en el mismo instante en que fueron los practicantes del islam quienes atravesaron el mar en busca de clemencia.
La sangre derramada en Siria mancha las manos de la escurridiza Europa, que parece olvidar que la carne fétida de los cadáveres le pertenece, que es su deber aceptar a los refugiados. Usando como título el cínico nombre de "Amigos de Siria" setenta naciones se reunieron en Estambul el 1 de abril del 2012, en donde decidieron "fortalecer su apoyo práctico a la oposición moderada del régimen de Bashar Al Assad ante la falta de avances hacia la solución del conflicto" (Guillermo Ximenis, 2014). Los "Amigos de Siria" muestran su amistad fomentando el conflicto y el derramamiento de sangre, y como si esto no fuese suficiente muestra de su benevolencia, se rehúsan a aceptar las consecuencias de sus actos al negarse a aceptar las víctimas de su atrocidad. Acoger refugiados, por lo tanto, sería únicamente dejar de huir de las repercusiones de sus actos.
Uno de los argumentos más usados por la comunidad europea para negarse a aceptar refugiados es la crisis económica que afecta a Europa en nuestros días, y que constituiría una causa para explicar la falta de recursos para invertir en el asilo de refugiados. Las cifras de los recursos invertidos en la ejecución de medidas en contra de los mismos son apabullantes; entre algunos de los ejemplos tenemos "cuarenta y nueve millones de euros gastados anualmente en España en la deportación de los refugiados y los veintiún millones de euros invertidos en Hungría para a construcción de una valla fronteriza" (Naira Galarraga, 2014). Resulta paradójico el hecho de que Europa cuente con recursos económicos incluso para invertir en la construcción de muros, y no para invertirlos en la ayuda humanitaria. Es inevitable preguntarse: ¿Dónde está la susodicha crisis?
La discriminación hacia un grupo debido a su religión ha tenido consecuencias en el pasado. Al igual que ahora, durante el holocausto se permitió el genocidio usando como único argumento el culto a una religión. La negligencia es también una forma de asesinato: cuando se permite la muerte de miles de almas errantes y no se hace absolutamente nada para evitarlo, se está demostrando una negligencia hacia la vida, un irrespeto hacia los derechos, una profunda indiferencia ante la tragedia y la desdicha humana.
No aceptar refugiados es discriminatorio, y por lo tanto inmoral. Resulta enervante observar a la comunidad europea cometer los mismos errores de los que se proclaman arrepentidos y horrorizados, ¿Es esta la forma en la que muestran su arrepentimiento? Al negar la entrada a los refugiados, nos encontramos ante el peligro de ocasionar un acontecimiento con las mismas implicaciones catastróficas que el holocausto, para evitar este hecho los refugiados sirios deben ser aceptados en Occidente.
Europa se hace llamar el continente de la paz; pero esa paz habita entre libros, entre millones de tratados y proclamas que conmueven el alma. Es una paz ficticia, cuyas páginas están irreversiblemente manchadas de sangre, cuyas líneas no consiguen escudar balas. Europa se está mostrando como el continente de la hipocresía, de la igualdad de las élites, del verdugo disfrazado de mártir.
En la crisis de refugiados, la comunidad europea se esconde detrás de sus panfletos y sus murallas, mientras que las frentes perladas de sudor lanzan gritos al vacío anhelando que la paz cobre vida, que el verso derrumbe las murallas; nuestros hermanos agonizan pidiendo por una paz de carne y hueso, una paz que no sea de papel.
Referencias:
-Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, Serie de Tratados de Naciones Unidas, vol 189 p.137, art 3.
-Los Amigos de Siria refuerzan su apoyo a la oposición moderada de Al Assad, Guillermo Ximenis 2015, www.lavanguardia.com
-Cifras y gráficos para entender la crisis migratoria en Europa, Naira Galarraga, 24 de septiembre del 2015.

Comentarios

Entradas populares