Morellita

A la autora de mis amaneceres.

Nació de cabellos espesos y sonrisa infinita. De coraje, lucha y valor. La única rosa entre girasoles, la consentida del padre, la distinta.
Mientras crecía le decían "Morellita", con sus dientes perlados y su cabello que caía en cascada hasta la cintura.
Poco a poco se fue despojando del diminutivo de su nombre, a medida que crecía a fuerza de ideales que defendía a capa y espada.
Era entonces "Morella" de la que se comentaba, como quien habla de lo que no se conoce pero se admira. Era así como las profundidades del mar, que se contemplan pero desde lejos.
En los años se imprimió su sabiduría y su ímpetu de lucha incansable, que volvieron su mirada más amena, y su sonrisa, sosegada. En sus manos calzó perfectamente el pincel que sostiene, pincel que crea pinturas llenas de su esencia: de sublevación, de rebeldía, de ganas de vivir.
Fue entonces que se convirtió en la que yo conozco, la que canta en las mañanas y de vez en cuando por las noches. La que se toma las penas con un cigarro y un café porque "todo en esta vida tiene solución", como repite constantemente.
Sus abrazos son el agua mansa del manantial, que corre despacio y te sana sin que te des cuenta. Yo no le digo "Morella" ni "Morellita", le dije siempre esa palabra que se deliza paulatina entre los labios, le digo "mamá" como si no fuese la gran cosa; "mamá" que se oye fácil pero contiene al infinito en cuatro letras.
Incluso ahora, que el paso del tiempo la hizo guerrera, generala en sus batallas, si la ves por mucho tiempo, entre la experiencia y las conquistas, se puede ver un destello fugaz de "Morellita" que pinta como si el tiempo se hubiese detenido. Se pueden ver sus rizos que aunque no son visibles, la adornan para siempre.
Incluso cuando se le dice "mamá" se ve en ella a la artista que se viste con el esplendor del espíritu resuelto, a la que usa su pincel como un sable, cuando pinta de protesta, de anhelo, y de combate.
"Mamá" se dice fácil pero se siente siempre importante, siempre eterno; es siempre la palabra que carece de tiempo, de espacio y de rumbo. Es como que se queda suspendida cuando se pronuncia, "ma-má" como los brazos de hogar y el aroma a paraíso que la acompañan.
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